Partido Comunista de Chile - Regional Iquique

domingo, diciembre 28, 2008

La desaparición de Marcelino Lamas

El día 28 de diciembre de 1974 desaparece desde el cuartel de carabineros ubicado en la Aduana, el joven socialista de 23 años, obrero y universitario, Marcelino Lamas Largo. Hoy una placa recordatoria en ese lugar es el único testimonio de este horrendo pasaje de nuestra historia iquiqueña sufrido bajo la tenebrosa dictadura del general Pinochet.
Marcelino Lamas había sido detenido, junto a su primo Germán Palominos, el 28 de septiembre de 1973, y recluido en el campo de torturas instalado en el interior del regimiento Telecomunicaciones. Al cabo de un mes de interrogatorios y torturas, el 26 de octubre, es enviado al campamento de prisioneros de Pisagua. Luego de un año de reclusión es colocado en libertad, pero es constantemente asediado por los esbirros que componen el grupo de secuestradores y torturadores al mando del general Forestier. Incluso al poco tiempo de su puesta en libertad es vuelto a detener, trasladado al regimiento Telecomunicaciones y nuevamente dejado en libertad. Preocupada la familia y el propio joven por este acoso consultan telefónicamente a la policía civil, de carabineros y del propio ejército, señalando éstos cuerpos que nada sabían.
Pero en noviembre de 1974 continúa el acoso de sus torturadores, en definitiva pertenecientes al SIM, el Servicio de Inteligencia Militar. Estos comienzan nuevamente a buscarlo y así el 22 de diciembre llegan nuevamente hasta su casa de la calle Genaro Gallo 2679 en una patrulla de la que son reconocidos posteriormente el sargento Maldonado y el cabo Miguel Aguirre, quienes en su trance paranoico peculiar a su propia inventiva procedieron a hacer excavaciones en el patio de su hogar buscando armas.
Así y definitivamente, el 24 de diciembre llegan hasta su hogar un grupo de civiles al mando del tristemente célebre Guatón Fuentes y los militares mencionados, suben al prisionero a una camioneta marca Ford de color celeste y lo trasladan esta vez hasta el recinto policial de carabineros ubicado en la Aduana. En dicho lugar es salvajemente torturado hasta el límite, incluso con la aplicación de electricidad en diversas partes de su cuerpo al extremo de dejarlo inconsciente y tener que sacarlo en ambulancia desde ese recinto el día 28, fecha última que conocemos de su estadía en dicho cuartel de responsabilidad de carabineros. Hay testimonios por aclarar de que fué en definitiva el oficial de ejército, Carlos Herrera Jiménez, quién lo asesinó de un balazo en la cabeza y lo hizo desaparecer con la ayuda de los conocidos esbirros ya nombrados.
Desde esa fecha su familia comienza un interminable y doloroso vía crucis para determinar en definitiva el paradero de Marcelino Lamas, detención que es terminante negada por el general Forestier. Incluso el criminal y torturador Miguel Aguirre, llegó hasta a amenazarlos, en enero del año 1975, con hacer desaparecer a otro familiar si continuaban con la búsqueda de Marcelino Lamas.
Estas amenazas consiguieron el efecto de paralizar la búsqueda familiar. Es solo en febrero del año 1991 que se presenta la denuncia por secuestro y homicidio calificado al Juzgado del Crimen de Iquique. En agosto de 1999 se presenta una querella contra el general Pinochet por la desaparición de Marcelino Lamas. El año 2000 el criminal Forestier es encausado por el secuestro calificado de este joven.
Nunca será tarde para insistir en reivindicar el recuerdo y la memoria de estos jóvenes ejemplares que entregaron la flor de su vida por el bienestar de su pueblo. Nos faltarían calles de nuestra ciudad para adornarlas con su nombre, semilla germinal y ejemplar para otras generaciones de jóvenes que algún día la recogerán para retomar y continuar sus hermosos y generosos legados. Hoy, al cumplirse 34 años desde la desaparición de este mártir de la lucha del pueblo, este modesto homenaje en reconocimiento.


Epifanio Flores.


Partido Comunista de Chile - Comite Regional Iquique

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lunes, diciembre 01, 2008

German Palominos Lamas en la memoria

Hoy se cumplen 35 años del alevoso asesinato en Pisagua del joven militante socialista de solo veinticinco años Germán Palominos Lamas, acaecido un nefasto 1º de diciembre de 1973. Germán Palominos había sido detenido el 23 de septiembre de 1973 y recluido primero en el centro de torturas al interior del regimiento Telecomunicaciones de Iquique desde donde posteriormente se le traslada a Pisagua.
En el Campamento de Prisioneros de Pisagua, en su calidad de carpintero mueblista, los carceleros le destinaban a diversos trabajos de su oficio. Esto hasta el 29 de noviembre de 1973 cuando se lleva a efecto el Consejo de Guerra que somete a una faramalla de proceso judicial a treinta prisioneros políticos recluidos en el lugar. El Consejo de Guerra sesiona ese día conformado con el teniente coronel Luis Valenzuela Solís de Ovando, el mayor Jorge Feliú Madinogoitia; el mayor Sergio Parra Valladares; el capitán Florencio Tejos Martínez; el capitán Hugo Elzo Lagreze y el teniente Enrique Rosales E. Además participan corrientemente en estos seudos tribunales el fiscal acusador Mario Acuña Riquelme y el auditor de guerra mayor Enrique Cid Coubles.
Este Consejo de Guerra dictamina diversas penas de presidio y relegación y a algunos prisioneros que no son condenados el auditor anota la indicación “sin resolución”.
Pero sucede que el general Carlos Forestier visitaba regularmente el campamento de prisioneros de Pisagua y cuando lo hacía eran días de terrorífica incertidumbre para todos. Y este fue uno de esos aciagos días en que aterriza el temible helicóptero que lo lleva desde Iquique acompañado del capitán Sergio Espinoza Davies y se dirigen a la comandancia del campamento. En la ocasión el tristemente célebre fiscal Mario Acuña, civil investido con las presillas de teniente coronel, le informa de los resultados del reciente Consejo de Guerra:
-“Mi general, le informo del resultado de las condenas del Consejo de Guerra”
- “¿Y estos que están marcados?”, pregunta el general.
- “Hubo dos prisioneros sin condena”.
-“¿Quienes son esos?”, pregunta Forestier.
-“Son Luis Fuentes y Germán Palominos, mi general”.
-“Ese Fuentes es un pajarito que no tiene idea, lo ubico. Y ese Palominos ¿que cargos tiene?
-“Lo único que Palominos es un agitador”, responde Acuña.
-“¡A ese Palominos hay que eliminarlo para que sirva de escarmiento!”, espeta fríamente Forestier.
-“A su orden mi general”, respondió Acuña cuadrándose y girando con un golpe de botas.

Acuña sale de la oficina para llevar a cabo el cambio de las sentencias según lo ordenado por Forestier. En la sentencia rehecha Germán Palominos aparece esta vez condenado a la pena de muerte.

En la ejecución de Germán Palominos están además implicados los entonces tenientes Gustavo Abarzúa Rivadeneira; Conrado García Giaier; Carlos Irigoyen Lafuente y Enrique Rosales.

El caso del asesinato de Germán Palominos Lamas continúa sin que existan condenas a sus asesinos. Algunos de estos criminales están fallecidos y otros deambulan libremente por las calles de este país. La madre de este joven prisionero político falleció arrastrando el dolor de esta injusticia y por habérsele arrebatado de esta forma a un hijo del que además nunca entregaron su cuerpo y solo fue posible que lo sepultara cuando lo ubicamos en la fosa de Pisagua el año 1990. Como decíamos este es uno de los miles de crímenes cometidos bajo la dictadura de Pinochet y sin castigo. Pero reivindicando la digna memoria de estos héroes de la lucha social del pueblo chileno contribuimos a empequeñecer aún más la infeliz cerviz de sus asesinos y la podredumbre moral de los sostenedores de esa ignominiosa tiranía que encabezó Pinochet.

Epifanio Flores

Partido Comunista de Chile - Comite Regional Iquique

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viernes, septiembre 05, 2008

5 de septiembre de 1937: La extraña muerte del dirigente pampino Rodolfo Diaz

La extraña muerte del dirigente sindical Rodolfo Díaz.
(Epifanio Flores)

Entrando hacía la oficina Santa Laura por el viejo camino fiscal se ubican algunas casetitas de “animitas” típicas al costado del camino, una de ellas ubicada a unos trescientos metros de la oficina salitrera, mudo testimonio de algún hecho trágico acaecido allí y cuya memoria parece haberse esfumado con el tiempo, junto a las últimas paletadas de caliche.
Allí hay un monolito de latón y con un saliente piramidal hacia el cielo, flanqueado por cuatro pilarejos, unidos con cuatro cadenas. Este monolito siempre tuvo una típica corona nortina o flores, a lo largo de las décadas transcurridas desde el hecho acaecido en ese lugar. Esa caseta es el testimonio silencioso del sentido homenaje de los pampinos al ejemplar líder obrero Rodolfo Díaz, que en ese exacto lugar fuera inmolado una brumosa noche del domingo 5 de septiembre del año 1937.
Los domingos son días de descanso de los obreros, pero no para muchos dirigentes sindicales. Ese día Rodolfo Díaz se levantó temprano y salió del campamento Santa Laura hacia la oficina Santiago Humberstone, en donde le esperaban sus compañeros dirigentes del gremio y juntos se dirigen hacia Pozo Almonte, donde asistieron a una importante reunión, debidamente autorizada por la intendencia, como se les exigía a los trabajadores en los tiempos de Alessandri.
El gobierno de Alessandri hostilizaba permanentemente a los dirigentes y a sus organizaciones. De hecho el día veinte de agosto anterior, Rodolfo Díaz había sido detenido por carabineros de Pozo Almonte, junto a los otros dirigentes del Sindicato Industrial Obrero de la Oficina Humberstone, los directivos Ramón Navarro, Floridor Bonilla, Pedro Biagetto y a los ex directivos Miranda Oliva y Justo Marambio. El presidente del sindicato, Héctor Portillo, se encontraba en Santiago integrando una comisión sindical. El sábado 21 fueron bajados a Iquique para comparecer ante el juez del Primer Juzgado Ricardo Concha, acusados por la Inspección Provincial del Trabajo de malversación de fondos sindicales por un monto de dieciséis mil ochocientos pesos, gastados contrariando disposiciones legales. En Iquique y luego de un exhaustivo interrogatorio, el juez los puso en libertad.
La reunión de Pozo Almonte era muy importante y había materias que tratar con los dirigentes del Cantón Sur. La reunión terminó alrededor de las ocho de la noche y juntos la comitiva regresa a la Oficina Humberstone. Allí Rodolfo Díaz se despide de sus compañeros y se dirige caminando por un costado de la huella hacia hacia el campamento ubicado en la oficina Santa Laura. En medio de la espesa camanchaca sus compañeros lo ven partir, sin sospechar que sería ésta la última ocasión que verían con vida a su destacado líder sindical.
La noticia trágica llega horas después cuando un grupo de personas que viajaban en un camión informan en Humberstone que acababan de atropella a un cuerpo que se hallaba tendido en medio de la huella fiscal, persona a la que no pudieron identificar dada su desfiguración y por lo espeso de la camanchaca. De inmediato se da cuenta del hecho a la comisaría de Huara, al mando del capitán Romeraldo Retamales, así como a Pozo Almonte. Esa misma noche el juez del Crímen autoriza el levantamiento del cuerpo y dispone de su traslado al hospital de Humberstone, donde el facultativo de ese recinto doctor Macuer procede a examinarlo. El cuerpo tenía la columna vertebral quebrada en dos sitios, doce costillas totalmente quebradas y variadas contusiones internas y externas. El doctor señala que la causa probable de muerte era un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza del dirigente gremial.
Ya al amanecer la trágica noticia se esparce por toda la pampa, puesto que Rodolfo Díaz era ampliamente conocido y respetado por todos los trabajadores. De inmediato las sospechas se dirigen hacia el departamento de bienestar de la compañía y hacia la policía, específicamente hacia el Primer Efectivo Policial de Pozo Almonte, quién no ocultaba su mala animosidad en contra de los dirigentes sindicales y en particular en contra de Rodolfo Díaz.
El convencimiento de todos se basaba en el hecho de no era extraña la repentina desaparición de dirigentes o trabajadores considerados como “revoltosos”, incuso se hablaba que algunos de éstos había ido a dar a alguno de los numerosos “piques” que existían y aún existen en la pampa. Por ello nadie creía en la muerte accidental del dirigente y la afirmación dada por cierta era: “Rodolfo Díaz no fue víctima de un atropello, a Rodolfo Díaz lo mataron”.
Al momento de su trágica muerte Rodolfo Díaz contaba con treinta y dos años de edad; era un obrero culto y honesto. Muy joven había sido empleado, desempeñándose como Jefe de Pampa en la Oficina Paposo el año 1925, donde se ganó el aprecio de todos sus compañeros por su humano tratamiento hacia los trabajadores. Sus simpatías hacia la Federación Obrera de Chile, la FOCh, que por entonces había sido sangrientamente barrida de la pampa mediante las acciones militares de guerra comandadas por el coronel Acacio Rodríguez, tronchan su carrera y asume similares y esforzadas labores al igual que sus compañeros de clase. En la oficina Ramírez lo recordaban como obrero “costrero” y como “particular” o “patizorro” en la oficina Humberstone. Es en este último lugar donde conoce y establece una profunda amistad con el dirigente sindical Héctor Portillo, quién lo invita a integrase al partido socialista. Luego, como dirigente sindical, Rodolfo Díaz se fue destacando por sus cualidades humanas, pero altiva actitud en la defensa de los intereses de los trabajadores. Sobre este líder obrero pendían explícitas amenazas, dada su consecuencia y valentía para enfrentar todo tipo de maniobras patronales represivas.
El sindicato industrial de la oficina Humberstone le solicita al doctor Germán Hoffman, director del Hospital de Beneficencia, que acompañe al médico municipal doctor Hernán Muñoz, quién debía realizar el examen médico legal. Esta labor se realiza el lunes seis de septiembre, reafirmándose examen preliminar hecho por el doctor Macuer.
Los restos del dirigente Rodolfo Díaz fueron velados en el Teatro del Campamento Santa Laura y sus funerales se realizan el martes siete de septiembre. Ese día suspenden sus labores los obreros de Santa Laura, Cala-Cala y Humberstone. También concurren los trabajadores de la oficina Rosario, Mapocho, Santa Rosa. El cortejo parte desde Santa Laura encabezado por una banda de músicos de Humberstone, seguidos por una larga columna en formidable presentación. Se detienen algunos instantes en el sitio donde fue hallado su cuerpo y luego prosigue en dirección al camposanto de Pozo Almonte. En el acceso al cementerio rompe el silencio su camarada Héctor Portillo, presidente del sindicato, quién hace una sentida semblanza de sus luchas sindicales y la generosa vida del compañero caído. Luego hace uso de la palabra Lorenzo Brito, presidente accidental de la Confederación de Sindicatos y enseguida prosigue Julio Villalba, secretario de ésta.
Prosiguen los homenajes Eloy Ramírez, presidente del Sindicato de la Oficina Mapocho. A continuación Yolando Berríos y Elías Vergara, por el Sindicato de la oficina Santa Rosa. También intervienen el director del diario “Frente Popular” a nombre del partido comunista y por el partido socialista lo hace Nolasco Gutiérrez, su secretario seccional. Las diversas intervenciones de dirigentes y compañeros que quisieron despedirlo se prolongan hasta entada la noche, todos prestigiando y enalteciendo el espíritu de sacrificio, la lealtad y decisión con lo que enfrentó Rodolfo Díaz las luchas por las reivindicaciones de su clase. Por los vericuetos de la pampa resonaron las últimas palabras de homenaje: “Rodolfo Díaz ha escrito una página ejemplar, su vida es una bandera que se agita ensangrentada sobre la pampa salitrera”.
(Epifanio Flores, escrito en septiembre de 1997).
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lunes, noviembre 05, 2007

Freddy Taberna y una heroica direccion socialista

Freddy Taberna y una heroica dirección socialista
(En "DIARIO 21" de Iquique, el 5 de noviembre 2007)
Este recién pasado 30 de octubre se cumplieron 34 años desde la ejecución en Pisagua de la heroica dirección regional del partido socialista, conformada por Freddy Taberna Gallegos, Rodolfo Fuenzalida Fernández, Juan Antonio Ruz Díaz y José Sampson Ocaranza, todos asesinados por expresas y directas órdenes del general Forestier, criminal cobarde que nunca asumió su responsabilidad en esta masacre. En la actualidad todos esos dignos revolucionarios se encuentran desaparecidos y en la llamada Mesa de Diálogo establecida por Ricardo Lagos para que el ejército protegiera a los criminales, éstos señalaron el año 2001 que los cuerpos de éstos ejecutados fueron lanzados al mar.
Producido el golpe militar, el general Forestier demuestra su manifiesta intención de asesinar a estos dirigentes y en el regimiento Telecomunicaciones son sometidos a toda clase de vejámenes. Luego la farsa denominada Consejo de Guerra es convocado para el 27 de octubre, pero un día antes envía a Pisagua al capellán de ejército y a un médico militar, clara señal del crimen que premeditaba. Asimismo, solo ese día se designan a los abogados defensores, que apenas se pueden entrevistar con sus defendidos. Sin embargo el Consejo de Guerra finaliza el 29 de octubre con la aplicación de penas máximas de solo diez años de presidio por las falsas acusaciones impuestas y los testimonios obtenidos bajo crueles torturas. Este fallo provoca la ira de Forestier y Larraín, quienes ordenan cambiar la sentencia por la pena de muerte. Así, se les ordena modificar el fallo y determinar la pena capital.
Este Consejo de Guerra estuvo conformado por el teniente coronel Ramón Larraín, que hizo de juez militar, e integrado por el mayor Carlos de la Barra Daniels como presidente; el capitán Sergio Espinoza Davies como vocal; como auditor el capitán Juan Sinn Bruno; y como fiscal militar Mario Acuña Riquelme. El capitán Sergio Espinoza Davies era el jefe de la guardia en Pisagua, flanqueado por los tenientes Ricardo Ibarra Ceballos, Ciro Casanueva Águila y Jorge Addison-Smith García, además del célebre torturador Guatón Roberto Fuentes Zambrano.
De estos prisioneros, los que no alcanzaron a ser detenidos se habían entregado ante los apremios y vejámenes que el cobarde Forestier hizo se infringieran a sus esposas y a sus hogares. Son aspectos que denotaban la personalidad de Taberna y sus compañeros, pero otro valioso enfoque nos lo entrega un ingeniero democratacristiano que trabajó con Freddy Taberna cuando éste fue jefe de la Oficina Regional de Planificación, donde –no obstante las diferencias ideológicas- reconoció en él al revolucionario consecuente, honesto, democrático, trabajador; leal y comprometido con el proceso encabezado por el presidente Salvador Allende. Lo define como un hombre culto y ávido de conocimiento, “alérgico a la ineficiencia y a la flojera mental”, no importándole “trabajar los días sábados, domingos o en las noches con tal de sacar adelante los informes, planes, proyectos, y trabajos” que les eran solicitados. Le señala como rasgo destacable “su honestidad y su amor intransigente por la verdad”, cualidades éstas de todo revolucionario.
A las cinco de la madrugada del día 30 de octubre y luego de una liturgia religiosa encabezada por el capellán militar, estos valiosos hijos del pueblo chileno son sacados hacia un jeep militar, avanzan tranquilos y dignos hacia su destino final, el que ya conocían pues se les había comunicado el cambio de pena a las diez de la noche anterior. Freddy Taberna levanta su puño en señal de despedida a sus compañeros; luego se despide y besa a su hermano también detenido. Así se marchó a la eternidad este hombre nuevo, entero, con su sola dignidad como enseña, actitud que estigmatizará para siempre a sus cobardes y viles asesinos, dedicando seguramente sus últimos y mejores pensamientos a su amada esposa, entonando La Internacional, el himno de los trabajadores del mundo, que más temprano que tarde levantaran en toda su verdadera envergadura y en su merecido lugar a éste héroe del pueblo chileno. Recoger su legado de revolucionario consecuente es hoy más necesario que nunca.
Epifanio Flores
Partido Comunista de Chile - Comite Regional Iquique

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